Proteínas y pérdida de peso

huevos y peso      Cuando una persona decide perder peso, a menudo centra su dieta en aumentar el consumo de frutas y verduras, comer menos cantidades en general y dejar un poco de lado los cereales, y frecuentemente olvida la importancia de mantener un adecuado consumo de proteínas, que, como veremos a continuación, permitirá disminuir la pérdida de masa muscular y evitar la flacidez, así como controlar el apetito entre horas, debido a la estabilización de la glucemia en sangre.

      Las proteínas tienen una función estructural (forman parte fundamental de los músculo, tendones, piel, etc) y funcional (son responsables de llevar a cabo multitud de funciones en el cuerpo, son algo así como los obreros de una gran fábrica), por lo que son elementos esenciales en nuestra dieta. Así, si no damos a nuestro cuerpo las que él necesita, tendrá que “comerse a sí mismo” para seguir realizando sus funciones vitales, tirando de aquellas proteínas que a él le parecen más prescindibles, como las del músculo, con la consiguiente pérdida de masa muscular y flacidez.

      Por ello en dietas para perder peso, debemos incluir un alimento proteico (carne, pollo, pescados, huevos) por lo menos en la comida principal y en la cena, y la ración deberá ser aproximadamente del tamaño de la palma de nuestra mano (en diámetro y grosor, sin contar los dedos). Debemos elegir proteínas de alto valor biológico y seleccionar aquellas que tienen menor cantidad de grasa, como la ternera blanca, el pollo, pavo, huevos y los pescados. Es muy recomendable quitar toda la grasa visible de las carnes, así como la piel del pollo y pavo. Hay que evitar las fuentes de proteínas más grasas como el cordero, entrecot, embutidos y quesos grasos. Un buen truco para reducir la grasa cuando tomamos huevos es tomar más claras que yemas, es decir, si nos hacemos una tortilla de dos huevos, hacerla con las dos claras pero sólo con una yema, así reduciremos la cantidad de grasa y colesterol y mantenemos el contenido de proteínas.

       Si además incluimos en el resto de las comidas (desayuno, media mañana y media trade) lácteos desnatados (leche, queso o yogur), o un poco de fiambre magro (jamón york o pavo) estarán cubiertas de sobra nuestras necesidades de proteínas y conseguiremos controlar el hambre hasta la siguiente comida, pues las proteínas producen sensación de saciedad y ayudan a mantener los niveles de glucosa en sangre.

 

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