Algunos consejos para padres en apuros nutricionales.

Mi hijo no come

Casi todos estamos de acuerdo en que sería deseable que los niños comiesen de todo. Que se acostumbrasen a distintos sabores y a gran variedad de alimentos, pero cuando llega la hora de enfrentarse a la comida de nuestros propios hijos, las cosas se ponen –a veces- un poco más difíciles de lo que pensábamos. Hoy os voy a dejar una serie de consejos para que el reto de alimentar a vuestros hijos de forma saludable sea un poco más fácil.

1. Lo primero de todo es tener muy claro que estamos haciendo lo mejor para ellos, y que QUEREMOS hacerlo. Es una decisión que hemos tomado para con nuestros hijos y la vamos a llevar a cabo. Sólo así, con una fuerte convicción en que estamos haciendo lo que debemos y queremos, conseguiremos superar los momentos difíciles. Si no hay una fuerte convicción y determinación, cuando llegue el momento de “¡¡¡ESTO NO ME GUSTA, YO QUIERO ESPAGUETIS CON TOMATE!!!” será más fácil que renunciemos. O cuando tengamos que preparar la cena, decidamos cocinar algo en lugar de meter un paquete de lasaña congelada en el horno.

2. Relájate, no es necesario pasar por un calvario para hacer que tu hijo coma. Los niños son muy sensibles hacia los estados de ánimo y los sentimientos de sus padres. Si sienten que la comida es un motivo de tensión, de disgusto y de malestar, lo vivirán de la misma manera. Trata de crear un ambiente relajado, tranquilo y amoroso en los momentos de la comida, pero de toda, de la que sabes que le gusta y de la que le cuesta más aceptar. Si cuando les ofreces un bollo o un plato de pasta te notan tranquilo y relajado, pero cuando les ofreces y un bol de fruta o un plato de verduras notan que estás un poco tenso y nervioso, relacionarán unos alimentos con buenas sensaciones y un ambiente agradable y los otros con tensión y disgusto. Y así ¡no me extraña que terminen amando unos y rechazando otros! ¿No habéis visto los anuncios de las cadenas de restaurantes comida basura? ¿Lo felices que son todos, padres e hijos?

3. Ten paciencia y ve poco a poco. Si tu hijo no está acostumbrado a tomar verdura tal cual, o fruta, o pescado, o cualquier otro alimento, no esperes que el primer día se lo coma todo. Con que pruebe un poco, sólo un trocito, es suficiente. Muéstrale lo contento que estás porque lo haya probado. Y obvia que no se lo haya comido todo. Piensa que el objetivo es a largo plazo. Que se trata de que aprenda a apreciar el sabor de ese alimento – o por lo menos a tolerarlo-, y lo acepte como un alimento habitual en su dieta. Vuélveselo a ofrecer pasados varios días e intenta que esta vez coma un poquito más. No introduzcas muchos alimentos nuevos de golpe. Si tu hijo está acostumbrado a cenar sopa de fideos y croquetas, o pechuga de pollo empanada y patatas fritas, no esperes que porque has decidido diversificar y mejorar su dieta se va a comer el primer día un plato de acelgas y patatas hervidas con un pescadito a la plancha.

4. No es necesario que tu hijo coma absolutamente de todo. Es bueno que coma gran variedad de alimentos, y que incluya alimentos de todos los grupos (cereales, fruta, verduras, carnes, pescados, lácteos…). Pero si hay algo concreto (no un grupo entero de alimentos) que rechaza una y otra vez, no hay que empeñarse en que lo coma. Por ejemplo, mi hija mayor adora las judía verdes, las acelgas, las espinacas, el calabacín, la calabaza y en general todas las verduras, pero no soporta el brócoli, lo hemos intentado muchas veces, pero no hay manera. Así que el día que toca brócoli, yo le ofrezco a ella una ensalada. (De todas formas no termino de perder la esperanza y cada cierto tiempo le digo que lo vuelva a probar, por si acaso ya le gusta, cosa que por cierto, ocurrió con su hermana hace unos meses…)

5. Predica con el ejemplo. Los niños aprenden mejor por imitación. Tú eres su referencia fundamental en la vida y su modelo y su ejemplo a seguir. Si quieres que ellos se alimenten correctamente pero tú pasas el día bebiendo cerveza, comiendo patatas fritas y bollos, dejando a un lado el plato de verduras y ensalada (porque “el verde es para los conejos”), haciendo burlas de las personas que siguen una dieta sana, o alardeando de lo que te ha costado conseguir ese vientre abultado, lo más probable es que tus hijos sigan tu ejemplo. Si quieres que hagan un desayuno completo antes de ir al cole, no es razonable que vean que tú tomas un café rápido y sales pitando. Si quieres que coman una pieza de fruta en el desayuno, en la merienda o de postre, lo mejor es que te vean a ti comerlo y que les vayas ofreciendo de tu plato. Conviértete en un ejemplo para ellos. Les puede llegar a perecer un pesado, pero las cosas que nos dicen y nos enseñan nuestros padres, suelen durar dentro de nosotros toda la vida.

6. No dejes que tu hijo coma entre horas sin control. Si no ha comido lo que le pusiste en la hora de la comida, porque no le gusta o porque no quería, pero luego le dejas que coma lo que quiera porque tiene hambre, nunca conseguirás que coma lo que tiene que comer cuando le toca. Tú decides qué es lo que va a tomar en el desayuno, tentempié, comida, merienda y cena. Si él quiere se lo come y si no, no. Pero debe saber que fuera de esos tiempos y de esa comida, no va a comer nada más. Tiene que llegar a las horas de las comidas con apetito, y saber que si no come, luego tendrá hambre, pero que tendrá que esperar a la próxima hora de comer. Pero ¡no olvides el consejo número 3! ten paciencia y ve poco a poco. Que el cambio a hacia una dieta más saludable sea algo bonito para todos, no un calvario.

7. Prepara los platos con cariño, cuida la presentación e implícales en la preparación de los alimentos. A los niños les encanta el colorido, las formas divertidas, los experimentos. Cuando vengan sus amigos a merendar prepara una gran fuente de frutas de distintos colores y ponlas en filas; plátano (blanco), kiwi (verde), melocotón (naranja) y sandía (rojo). ¡Ya verás cómo se lanzan a por todo! Ofréceselo como la cosa más rica y natural del mundo (que lo es). Prueba a preparar la verdura en forma de pasteles y el pescado (ahora hay muchísimos moldes divertidos con millones de formas distintas). Pídeles que te ayuden a sacar las verduras de la nevera, a echar los ingredientes en la olla. Si ellos han participado en la elaboración de los platos, es más fácil que luego se los coman, por puro orgullo del trabajo realizado. (¿No has observado cómo se comen esos panes y pasteles que preparan cuando van a la granja, que a menudo no hay quien se los coma? ¿O cómo se beben sus propias “pócimas mágicas” que preparan mezclando cosas que no pegan nada?

8. Y por último procura que al menos una de las comidas del día se haga en familia (con la televisión apagada, por supuesto). Es un momento perfecto para charlar sobre el transcurso del día, sobre lo que nos ha ocurrido, lo que nos ilusiona, lo que nos reocupa. Es la mejor forma de que los pequeños vean que hay que comer de todo, aprenderán modales en la mesa, pueden probar alimentos nuevos que les ofrecen sus padres (aunque no les sirváis a ellos los mismos platos). Además, hay estudios que aseguran que comer en familia al menos 3 veces en semana, reduce el riesgo de que los más pequeños desarrollen trastornos de la conducta alimentaria y obesidad.

Estos son sólo algunos consejos, pero supongo que habrá muchos más. Y tú qué haces para conseguir que tus hijos coman de todo? ¿Con qué dificultades te encuentras en el día a día?

Deja una respuesta

  

  

  

You can use these HTML tags

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>